Calabaza asada
Calabaza asada al horno, tierna y deliciosa. Una receta sencilla, saludable y llena de sabor, ideal como guarnición o plato principal.
El risotto de calabaza y gorgonzola es una de esas recetas que apetece preparar en cuanto empiezan a llegar los días más frescos: cremoso, reconfortante y con un contraste de sabores irresistible.
Hay ingredientes que parecen hechos para encontrarse y la calabaza y el queso gorgonzola son un buen ejemplo.
La calabaza aporta un sabor ligeramente dulce y una textura suave, mientras que el gorgonzola añade ese punto intenso, salado y ligeramente picante tan característico de los quesos azules italianos.
El resultado es un risotto cremoso, lleno de matices y con un sabor muy especial. Un plato para lucirse sin complicarse lo más mínimo.
Además, es una receta perfecta para aprovechar la temporada de calabaza y preparar algo diferente con uno de los ingredientes más versátiles del otoño.
Aunque solemos utilizar la palabra risotto para hablar de cualquier arroz cremoso, en Italia hace referencia a una forma muy concreta de cocinar el arroz.
El líquido se va incorporando progresivamente mientras el arroz se cocina y se remueve con cierta frecuencia. De esta manera, los granos van liberando parte de su almidón y se consigue esa textura característica que diferencia al risotto de otros platos de arroz.
Un buen risotto debe quedar cremoso pero no pastoso. Los granos tienen que conservar ligeramente su textura mientras permanecen envueltos en una salsa untuosa.
Precisamente ahí está buena parte de su encanto.
El arroz comenzó a cultivarse de manera importante en el norte de Italia durante la Edad Media y el Renacimiento, especialmente en zonas húmedas de regiones como Lombardía y Piamonte.
Con el paso del tiempo se convirtió en un ingrediente fundamental de la gastronomía del norte italiano.
Milán es probablemente una de las ciudades más asociadas a este tipo de preparaciones gracias al famoso risotto alla milanese, tradicionalmente elaborado con azafrán.
A partir de esta forma de cocinar el arroz fueron apareciendo innumerables versiones con verduras, setas, carnes, pescados y distintos tipos de queso.
Y esa versatilidad es precisamente una de las razones por las que el risotto sigue siendo uno de los grandes clásicos de la cocina italiana.
La combinación de arroz y calabaza tiene una larga tradición en varias regiones del norte de Italia.
La calabaza es especialmente habitual en la cocina de Lombardía, Véneto y Emilia-Romaña, donde aparece tanto en platos de arroz como en algunas pastas rellenas tradicionales.
Su dulzor natural funciona especialmente bien en recetas saladas porque permite jugar con ingredientes más intensos. Y aquí es donde entra el gorgonzola. Puede parecer una combinación potente, pero precisamente el contraste es lo que hace que este plato resulte tan interesante.
La calabaza aporta dulzor, suavidad y cremosidad, mientras que el gorgonzola aporta profundidad y carácter.
Además, al fundirse con el calor del risotto, el queso ayuda a conseguir una textura todavía más envolvente.
Si te gustan los platos con contraste entre sabores dulces y salados, probablemente esta combinación se convierta en una de tus favoritas. 😉
El gorgonzola es uno de los quesos italianos más conocidos. Se elabora principalmente en regiones del norte de Italia y cuenta con Denominación de Origen Protegida.
Existen versiones más suaves y cremosas, como el Gorgonzola Dolce, y otras de sabor más intenso, como el Gorgonzola Piccante.
Para un risotto, una variedad más cremosa puede ser especialmente interesante si quieres que el sabor del queso acompañe a la calabaza sin dominar completamente el plato.
Preparar risotto no es complicado, pero sí requiere prestar un poco de atención durante la cocción.
La diferencia entre un arroz simplemente cocido y un buen risotto italiano cremoso está principalmente en la textura. No debe quedar seco, pero tampoco convertirse en una masa compacta.
En Italia se utiliza la expresión all’onda para describir ese punto en el que el risotto queda suficientemente fluido como para moverse suavemente en el plato. Ese es el resultado que buscamos.
80 ml de aceite de oliva virgen extra
Una cebolla
550 g de calabaza pelado
1300 ml de caldo de verduras
450 g de arroz Arborio o Carnaroli
210 g de queso gorgonzola
60 g de mantequilla
Pimienta, sal y tomillo fresco
En primer lugar, corta la cebolla en brunoise fina y pela la calabaza cortándola en dados pequeños.
En una sartén u olla amplia sofríe en aceite de oliva la cebolla picada con un poco de sal y pimienta al gusto. Cuando empiece a pocharse incorpora unas ramitas de tomillo fresco y la calabaza troceada. Cocina con un poco de caldo de verduras hasta que esté bien blandita.
Retira el tomillo y pasa la verdura a un vaso batidor. Tritura hasta tener un puré fino (si es necesario añade algo más de caldo).
A continuación, en olla, añade el arroz junto con un poco de aceite de oliva y nacara un par de minutos. Agrega el vino blanco y deja que se evapore el alcohol. Incorpora el puré de calabaza y añade poco a poco el caldo de verduras caliente mientras vas cocinando el arroz y remueves de vez en cuando.
En los últimos minutos de cocción, añade el queso gorgonzola y la mantequilla para mantecar el risotto.
Sírvelo si quieres con un poco de queso parmesano rallado por encima y disfrútalo al momento.
No todas las variedades de arroz reaccionan de la misma manera durante la cocción.
Para preparar risotto interesa utilizar arroces capaces de absorber líquido y liberar suficiente almidón sin perder completamente su estructura.
El arroz Arborio es probablemente el más fácil de encontrar, aunque variedades italianas como Carnaroli o Vialone Nano también son excelentes opciones.
Este pequeño detalle puede marcar una gran diferencia.
Si incorporas el caldo frío, la temperatura de la cocción baja cada vez que añades líquido y el arroz puede cocinarse de forma irregular.
Mantener el caldo caliente ayuda a conseguir una cocción mucho más uniforme.
Una de las características del risotto es precisamente ir añadiendo el caldo de manera progresiva.
Así el arroz puede absorberlo lentamente mientras libera el almidón responsable de su textura cremosa, quedando de esta manera la textura perfecta que buscamos.
El risotto necesita movimiento, pero no hace falta removerlo constantemente durante toda la cocción.
Hazlo regularmente y con suavidad para favorecer la liberación del almidón sin romper excesivamente los granos.
Un buen risotto debe conservar una ligera resistencia al morder.
Si el arroz se cocina demasiado, perderá estructura y el resultado puede quedar excesivamente pastoso.
La mantecatura es uno de los momentos más importantes de un buen risotto.
Se realiza al final de la cocción y consiste en integrar los ingredientes que aportarán untuosidad mientras el arroz termina de adquirir su textura característica.
Después conviene dejarlo reposar brevemente y servirlo inmediatamente.
Aunque puedes preparar esta receta durante todo el año, el risotto de calabaza es especialmente apetecible durante los meses de otoño e invierno.
Ahora, la calabaza está en plena temporada y su sabor dulce combina perfectamente con platos calientes y reconfortantes.
Además, es una manera estupenda de salir de las habituales cremas, purés o calabaza asada y utilizarla en un plato principal diferente.
Si tienes invitados, también puede ser una opción estupenda para sorprender sin recurrir a una elaboración excesivamente complicada.
Este risotto tiene bastante personalidad, por lo que no necesita demasiados acompañamientos.
Puedes servirlo como primer plato o convertirlo directamente en el protagonista de una comida.
Una ensalada sencilla con hojas verdes y un aliño ligeramente ácido puede ayudar a equilibrar la cremosidad del arroz.
También puedes añadir algún elemento crujiente justo antes de servir, como frutos secos tostados, para crear un contraste de texturas.
Una de las ventajas de esta receta es que puedes modificar algunos ingredientes manteniendo la idea principal del plato.
¿Puedo sustituir el gorgonzola?
Sí. Si el sabor del gorgonzola te resulta demasiado intenso, puedes utilizar otro queso azul más suave.
También puedes optar por un queso cremoso de sabor menos marcado, aunque el resultado será diferente.
¿Puedo utilizar otra variedad de calabaza?
Sí. La mayoría de las variedades funcionan bien, aunque resulta especialmente interesante elegir una calabaza de carne dulce y poco acuosa.
La calabaza cacahuete o butternut suele dar muy buen resultado por su textura y sabor.
¿Puedo añadir frutos secos?
Claro. Las nueces, avellanas o incluso unas almendras tostadas combinan especialmente bien con la calabaza y el queso azul.
Además de sabor, aportarán ese punto crujiente que contrasta con la cremosidad del arroz.
El risotto está pensado para disfrutarse recién preparado.
Cuando se enfría, el arroz continúa absorbiendo líquido y pierde parte de esa textura cremosa que lo caracteriza.
Si te sobra, puedes guardarlo en un recipiente hermético en el frigorífico y consumirlo preferiblemente al día siguiente.Al calentarlo, puedes añadir una pequeña cantidad de caldo para ayudar a recuperar parte de su cremosidad.
Aun así, la textura nunca será exactamente igual que cuando está recién hecho.
¿Se puede congelar el risotto?
No es la opción que más recomiendo.
Después de descongelarlo, el arroz puede quedar demasiado blando y perder buena parte de la textura que buscamos en un risotto.
Si puedes elegir, es mejor preparar la cantidad que vayas a consumir.
¿Hay que lavar el arroz antes de preparar un risotto?
No es recomendable.
Al lavar el arroz eliminaríamos parte del almidón de la superficie, precisamente uno de los responsables de conseguir la textura cremosa característica del risotto.
¿Por qué mi risotto queda seco?
Puede ocurrir porque el arroz ha absorbido demasiado líquido o porque ha reposado demasiado tiempo antes de servirlo.
El risotto debe llegar a la mesa en cuanto está terminado.
¿Por qué mi risotto queda demasiado pastoso?
Normalmente se debe a una cocción excesiva del arroz o a haberlo trabajado demasiado.
El objetivo es conseguir cremosidad manteniendo los granos ligeramente firmes.
¿El risotto necesita nata para quedar cremoso?
No.La cremosidad tradicional del risotto procede principalmente del almidón del arroz y de la técnica de cocción.
Un risotto bien preparado puede quedar extraordinariamente cremoso sin necesidad de añadir nata.
¿Puedo preparar el risotto con antelación?
Lo ideal es prepararlo justo antes de servir.
Si tienes invitados, puedes adelantar otros elementos del plato, pero merece la pena terminar la cocción del arroz cerca del momento de llevarlo a la mesa.
Un plato sencillo con sabor a otoño
Este risotto de calabaza y gorgonzola reúne muchas de las cosas que más me gustan de este tipo de recetas: pocos elementos, productos de temporada y una combinación de sabores capaz de convertir un plato sencillo en algo especial.
La suavidad de la calabaza, la intensidad del queso y esa textura cremosa tan característica del risotto hacen que cada cucharada sea diferente.
Y aunque a veces pensamos que preparar risotto es complicado, una vez entiendes cómo debe comportarse el arroz durante la cocción, se convierte en una receta mucho más sencilla de lo que parece.
Si todavía no has probado la combinación de calabaza y gorgonzola, esta puede ser una muy buena ocasión para hacerlo. ¡Te va a encantar!
Te dejo un vídeo corto con el paso a paso de la elaboración de este risotto de calabaza y gorgonzola. ¡No te lo pierdas! Verás que fácil es de preparar 😉
Y ahora cuéntame: ¿eres de los que disfrutan de un buen queso azul o cambiarías el gorgonzola por un queso más suave? Te leo en comentarios.
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